Soy El Marido De Una Monja

Publicado por Maestro Marido el Sabado 30 Mayo del 2026

Lo que estamos concibiendo aquí no es otro acto cualquiera, esto es con certeza lo más transgresor que estamos haciendo en nuestras vidas… para lo que nos importa ya. Dicha calidez condensada que impregna el ambiente provoca un aura misteriosa, poderosamente intensa que poco a poco devora nuestro juicio, siento como la sangre se me sube a la cabeza. Este lugar escogido deliberadamente para ser nuestro altar le ha sido secuestrada la palabra sagrado y ahora convertida en profano. El deseo aprieta y ya nada podemos hacer para aguantar más…

Llegado a una nueva ciudad, después de muchos años de trabajar para una editorial gracias a una nueva plaza de trabajo que surgió y decidí aceptar. Todo parecía aplastantemente nuevo para mi, una mezcla de sentimientos que me agradaba y me frenaba al mismo tiempo. Era una ciudad costera así que me sentía maravillado por el panorama que se podía apreciar casi desde cualquier parte. Las primeras semanas en mi nuevo puesto fueron más normales de lo que me hubiera gustado aceptar, después de todo buscaba un cambio de ritmo en mi vida. La situación no tomaba esa chispa que quería, así que procedí a tomar cartas en el asunto. Invite a una compañera del trabajo a salir una noche, sin doble intensión, solamente el deseo de salir a explorar el lugar que me había acogido para divertirme y divertirnos. Una compañera a la que le tome confianza quedo conmigo para salir un fin de semana. Fue una noche agradable pero al dejar el bar al que habíamos ido nos topamos con una situación incomoda y molesta, un hombre extraño comenzó a gritarle improperios a mi amiga. Parecía un mendigo aunque yo le veía más pinta de adicto. Le dijo con un tono despectivo de superioridad que era una hija del diablo y que merecía el infierno como castigo, además de otras barbaridades que no merece la pena recordar. Yo estaba a punto de llamar a la policía para terminar ese bochornoso incidente que ya se había prolongado demasiado y que veían desde lejos los transeúntes que pasaban por allí, pero se fue por cuenta propia sin decir media palabra. Todo fue muy raro, más después de una noche genial y tranquila. Entonces no pude evitar comentarle. —Vaya… ¿hay muchos como ese en esta ciudad?
—En un lugar tan grande —respondió mi amiga algo tensa— siempre hay indigentes que molestan a la gente de diferentes maneras.
—Tienes razón —afirme con un gesto— este parecía un obsesionado religioso además de que noté podría estar bajo los efectos de ya tu sabes…
—Ni que lo digas… —se quedo pensando un momento— …oye me acabo de acordar de algo divertido, y creo que si te lo digo ni te lo vas a creer —soltó una risita.
Sin parecer pretencioso le pregunté intrigado, —¿De que te ríes? ¿Acaso vas a invitarme a fumar hierba o algo así? Jaja.
Mi compañera me vio y contesto con una sonrisa. —No estas ni cerca de adivinarle jaja… —me aparto la mirada manteniendo la sonrisa.
—¿Y bueno? —estaba sin entender nada— no me dejes con la duda muchacha…
—Mira… hace muchos años yo estuve a punto de convertirme en monja… y de alguno modo este incidente me trajo de nuevo ese recuerdo lejano.
Estaba impresionado por la revelación. —Vaya no creí que ese fuera tu secreto… pero mmm… ¿que ocurrió? ¿por qué no fuiste monja?
—Me resbalé —aclaro algo avergonzada— con el piso mojado en casa de mis padres y tuve meses con una fractura jaja… cuando me recupere del todo había llegado a mi una oferta de trabajo y la acepte. Necesitaban a alguien que llevara las cuentas en el negocio de unos amigos de mis padres.
—Parece que el destino no quiso que fueras monja. —respondí jocosamente.
—Sí… es curioso como un evento puede cambiar el rumbo de tu vida tan fácilmente… —se quedo pensando— …se me acaba de ocurrir algo divertido, podemos ir al convento donde casi fui monja y así aprovecho para mostrarte la ciudad un poco, ¿qué te parece?
—¿A estas horas? —en el fondo si quería ir.
Me mira como aguafiestas. —¿Acaso nunca haz paseado de noche por una ciudad? Es lo más divertido que se puede hacer, vamos te gustará. —tira una sonrisa cómplice y me toma de la mano.
—Tienes razón —le sonrío— es una oportunidad de oro que no podemos desperdiciar, ¡¡vamos!!
Contagiada del mismo entusiasmo. —Entonces no perdamos más tiempo, ¡¡nos vamos!!
Luego de aceptar la propuesta fuimos conversando por todo el camino y llegamos a diferentes sitios, la atmósfera era muy distinta de noche por la falta de gente como si fuera otra ciudad, una locura. Llegamos al convento como ultima parada y casi nos olvidamos de ir, estábamos muy entonados conociendo la ciudad y perdimos la noción del tiempo. Se veía bastante acogedor o por lo menos eso parecía desde fuera, entonces mi amiga comenzó a contarme sobre ese lugar hasta que alguien nos interrumpió por detrás tomándonos por sorpresa. —Hola, ¿se les ofrece algo?
Volteamos a ver quien era. —Buenas noches —hablo mi compañera con buen tono— disculpe por haber llegado a estas horas pero mi amigo es nuevo aquí, así que quería mostrarle parte de la ciudad.
—Me parece genial, pero… ¿a estas horas? —volvió a preguntar algo extrañada.
—Si… es que salimos a tomarnos algo y luego surgió la posibilidad así que decidimos hacerlo aprovechando que la noche ameritaba. —soltó algo nerviosa una risa.
Nos miró a ambos. —¿Saben qué horas son muchachos? Más de las cuatro de la madrugada —rió un poco— cualquiera pensaría que habrían venido con malas intenciones.
—Discúlpenos no fue nuestra intención molestar o crear malos entendidos.
—No hay problema —contesto de buena manera— pero vengan de día la próxima vez para poder atenderlos mejor jaja.
Fue muy amable hasta que mi compañera la reconoció. —Hermana Mercedes, cuantos años sin verla… ya decía yo que reconocía ese rostro de algún sitio.
Al parecer era una de las monjas del convento y además conocida de mi amiga, pero hubo silencio de parte de la tal Mercedes, hasta parecía incomoda. —¿Que ya no me reconoce? —tratando de refrescar la memoria de ella— quizás hayan pasado los años y ya no se acuerde pero yo fui aspirante a convertirme en monja aquí hace más de 12 años, soy Nadia.
Creí que no iba a obtener respuesta nuevamente, sin embargo luego de unos segundos rompió el silencio. —Creí que eras una extraña, pero ya me acorde de ti —sonrió nerviosa— y si… tantos años por los cuales ha pasado mucha agua bajo el puente —cambia el tono de la conversación— ¿no quieren pasar?
Antes de aceptar la invitación Nadia me presento. —Hermana, se me olvido presentarle a mi compañero, se llama Javier, como ya le había comentado es nuevo acá y no conoce muy bien la ciudad.
Mercedes me miró de frente y note que era una señora bien parecida, ojos castaños, pelo rubio de base oscura, estatura interesante y esbeltamente única, pero había algo que faltaba en ella y que aun no podía comprender del todo. No perdí más tiempo así que rompí el hielo antes de que la situación se volviera incomoda otra vez. —Hola, un placer —le di la mano amistosamente— soy reciente por estos rumbos, pero afortunadamente tengo una buena guía turística a mi lado —reí para hacer el remate.
Ambas rieron conmigo mientras pasábamos. Durante toda nuestra estancia allí no lograba apartar la mirada a esa monja como una buena película que no puedes dejar hasta que te la terminas, así estaba yo. Irme me dejo con un sinsabor peculiar y pensamientos lejanos llegaron como una punzada, será que ella…

—Disculpa, no vi que estaba atrás mio —levante los paquetes del suelo. Me volví a topar con Mercedes unos días después en un supermercado y para colmo le tire sus compras al suelo.
—No te preocupes fui yo la que no presto atención, siempre ando aérea por la vida —miró mi rostro de lleno— …pero tu eres Javier, el amigo de Nadia ¿verdad?
—Sí, el mismo que viste y calza —ambos reímos mientras le daba el ultimo paquete del suelo.
—¿Qué te trae por acá? Además de las compras —acompañó con una risita— qué casualidad que nos encontráramos de nuevo por acá.
—Estoy probando supermercados, hasta ahora este es el más barato que he encontrado.
—Descuida, los lugareños estamos para hacer esta ciudad más familiar aunque a veces no lo parezca, y confirmo es el más barato de la zona.
Una pequeña charla dio paso a una invitación más, esta vez era la propia Mercedes la que me propuso llevar a dar un paseo por la ciudad y mostrarme lugares interesantes que Nadia aun no me mostró, con un tono de complicidad agradable. Cuadramos un día para nuestra cita así que fui preparando todo lo necesario. Iba a ser un sábado, por lo cual disponíamos del tiempo adecuado para poder disfrutar del recorrido.

—Buenos días —pregunte por ella en el convento— ¿se encuentra la Hermana Mercedes?
—Buenas, ella salió hace algún tiempo, no nos dijo a donde. Pero si quiere la puede esperar aquí.
—Muchas gracias —me senté a esperarla. Por un momento creí que me había plantado, pero no me deje llevar. Después de casi una hora y considerando irme, como ultimo suspiro llega Mercedes. Había conseguido un vehículo apropiado para la ocasión, y muy chulo por cierto.
—Disculpa la demora, tuve algunos inconvenientes para conseguirla pero aquí esta, te presento a La Fiera.
No creía lo que veía, era una mítica Ural. Motocicleta con sello soviético a prueba de todo solo para aventureros. Recuerdo que haber visto la noticia de una pareja que había recorrido 12 países con su hijo pequeño, fue una locura. Ya me olía por donde iban los tiros y me fascinaba que ella tuviera ese espíritu. —¡¡Guau!! ¿Cómo conseguiste esa Ural? —la observé más de cerca— ¡¡que nivel!! Estamos en otro mundo jaja.
Mercedes pone sus dos manos sobre la cintura y sonríe erguida. —Gracias, era de mi padre y el me la dejo como herencia. Es una joya escondida de mi familia que andaba un poco descuidada pero la creí perfecta para esta ocasión, solita para nosotros dos. ¡¡Comencemos nuestro recorrido!! ¿Estás listo Javier?
Conteste deseoso y lleno de confianza. —¡¡Siii comencemos!!
Ultimamos detalles y montamos la Ural que para mi sorpresa era más cómoda de lo que imaginaba. Entonces Mercedes iba adelante y yo atrás, vaya escena más particular la que nos toco protagonizar… una monja manejando una motocicleta todo terreno para llevarme a pasear por una ciudad desconocida, locamente fascinante. Después de arrancar recorrimos sitios que aun no había visto y nos divertimos un montón esa tarde, hasta que al atardecer llego un inmenso ocaso clásico de una ciudad costera. Cuando creí haber visto todo Mercedes me preparaba otra sorpresa más. —Hay algo que guarde para el final, es un secreto que te va a dejar con la boca abierta —su cara se veía confiada y burlona en buen sentido— pongo mis manos al fuego —remató con una risa.
Intrigado por la forma en que me lo dijo sospechaba que lo que se traía entre manos era especial. —Vaya no imaginé que tenías un as bajo la manga guardadito esperando el momento indicado. Quizás subestime lo que podía esperar de esta ciudad, no solamente por el lugar sino por la gente buena de allí como tú Mercedes.
—Ay no digas esas cosas —se ruborizó.
Me pareció curioso que no hubiera mencionado en todo el día nada relacionado a la religión o a su vocación de monja, pero no le preste mucha atención porque de igual forma la habíamos pasado bien y eso era lo que importaba. Demoramos unos 30 minutos en llegar a ese lugar bastante apartado fuera de esa selva de concreto llamada ciudad y rodeado de rocas gigantes, como si un pedazo de playa hubiera quedado perdido en medio de la nada. Bajamos y vi las olas del mar implacables contra los peñones que nos escoltaban frente a arena casi cristalina, un paisaje que sacado de una postal transmitía un vibra agradablemente tranquila. Me había impresionado completamente.
—¿Que te parece Javier? Este es mi lugar secreto —remojó sus pies un poco en la orilla.
—Me has dejado sin palabras —la mire a la cara sonriendo— tu lugar especial es fascinante y que bueno que lo dejaste para el final, digno de llamarlo secreto.
—Mi lugar secreto —me tomo de la mano y se sentó en la arena— ven siéntate conmigo ya que eres la primera persona en venir aquí.
Me siento junto a ella. —¿Primera? ¿Nadie más conoce este lugar?
—Nunca he visto a nadie por estos lares, así que no. Pero sí, tu fuiste la primera persona en venir —hubo silencio durante varios segundos y solo se escuchaban las olas rebotando en el viento.
—Fue un día inolvidable y ahora estando frente a este hermoso ocaso no puedo evitar agradecerte.
Mercedes ríe complacida. —No tienes por qué, lo importante es… ¡¡achuuu!! —un estornudo la interrumpe— disculpa… es…
—No te disculpes —la miro con una sonrisa cómplice— a todos nos pasa.
—Ya veo que sin alguien con quien compartirlo es aburrido jaja.
Sostengo la mirada con una sonrisa nerviosa —¿A qué te refieres?
—Al lugar… —se ruboriza y mira hacia otro lado— al lugar me refería. Lo siento es que aveces se me olvida el contexto y suelto frases como si la otra persona también escuchara lo que pienso.
—Ya veo… por lo visto te gusta que te lean los pensamientos —una risa coqueta— mucho meditar a solas hacen que aveces las palabras se salgan de la cabeza sin querer.
—¿Sabes por que te traje aquí? —el tono cambió y percibí algo extraño en ella.
Me quedé pensando que decir por unos segundos. —Prefiero que me lo digas —miré directamente a sus ojos mientras todo se tensaba.
Un silencio ensordecedor golpeo nuestras almas. —Eres la primera persona en mucho tiempo con la que me he sentido realmente cómoda de estar… sabía que eras alguien a quien no podía ignorar y mi corazón me lo advirtió de la peor manera… —cambio su tono y sentía que habíamos entrado en algo diferente— volverte a encontrar en el supermercado me hizo dejar la razón a un lado y seguir a mi instinto, un instinto que había sido domesticado durante años —quita la mirada hacia el suelo y vuelve clavar su mirada en mis ojos luego de unos segundos— …estoy enamorada de ti.
Como un movimiento fuera de nuestros pensamientos nos quedamos totalmente en blanco y la efervescencia de nuestros fuegos comenzaron a unir sus lenguas. No hubo palabra alguna que valiera, nada necesitaba explicación ahora, solo diluirse en la intensidad del momento. La situación escaló aun más cuando como por instinto primario animal empecé a desvestirla y sentía como pedía que traspasara cada vez más y más la frontera hacia lo desconocido, como si algo estuviera pronto a reventar. Mercedes puso sus manos en mis mejillas e hizo que la mirara fijamente a los ojos mientras una palabra silenciosa irrumpió brutalmente de sus labios: —Javier… Esa palabra parecían miles en mi cabeza. Hubo silencio. —Quiero que me hagas mujer… Ya no podía procesar lo que estaba pasando allí. Ahora parecían millones de pequeños murmullos en mi cabeza. Entonces comprendí de todo ese enajenamiento que el momento me pedía solamente una cosa, actuar.
Después esa travesía solo el silencio de las olas nos envolvía. —Hay algo que debo decirte sobre mi, es algo de mi pasado y quiero contártelo —Mercedes tomó palabra con un tono distinto.
—No te preocupes, estoy para escucharte —miro su ojos.
—Verás, de joven entre al convento con la intención de entregar mi vida al voto de ser monja, pero no siempre fue así. Creí en el amor hace muchísimos años y estaba dispuesta a dejar todo por eso, sin embargo a la hora de la verdad me quede olvidada esperando un futuro que nunca llego. Así fue como termine siendo monja, deje de creer en el amor pasional para direccionarlo hacia un amor religioso.
No sabía como reaccionar ante tal confesión, deseaba decirle las palabras correctas para que no se sintiera mal. —Un desamor que cambio tu rumbo y luego de todo aquí estas otra vez queriendo entregarte por que ese deseo nunca se fue de ti —le tomo la mano— por que el amor irreprimible cuando es genuino.
—Gracias por esas palabras tan profundas, se nota que hablas desde el corazón —se quedo callada unos segundos— después de esto podemos ser amantes…
Mercedes me había soltado una propuesta arriesgadamente atrevida. —Sabes que quiero lo que tu quieras, pero… ¿estas segura? Tendremos que mantenerla en secreto y tener una doble vida.
—Mi cabeza dice no, pero mi corazón dice ¡¡dale!! Quiero vivir una vida en pareja y el miedo es mal consejero así que lo haré.
—Te acompaño entonces, estoy dispuesto a asumir los riesgos también —me acerco a su rostro y nos besamos.

Nuestros encuentros se hicieron más frecuentes después de eso durante las semanas y lo hacíamos en mi apartamento, nuestro apartamento. Seguía sin poder creer que había encontrado al amor de esa manera… me había convertido en el marido de una monja, un sentimiento que me hacia estar extrañamente feliz. Era tanta la fantasía amorosa que un día solamente nos quedamos en mi cama, nuestro nidito de amor en una mezcla de coito y romance. Nos desconectamos de todo y nada importó. —Buenas, recibí tu mensaje el otro día, estuve ocupado pero enseguida bajo —solté el teléfono y salí a recibirla— Hola Nadia, disculpa por no responder es que he estado un poco ocupado ¿qué se te ofrece? —Hola Javier —me besa la mejilla— sabes, últimamente te he notado distante, ya no me hablas tanto en el trabajo… creí que habías disfrutado esa vez y yo también quedé con ganas de más. Parece como si me estuvieras evitando. —su mirada parecía distraída.
—No, no es eso… —contesté algo incómodo— es que no se ha presentado el momento adecuado, entonces no me gusta ser inoportuno con eso nada más.
—Mmm… ya veo… quizás podamos salir este finde aprovechando que nos libramos un poco de las obligaciones, así conocemos lugares que aun no te muestro y creo que te van a encantar ¿que te parece?
Estaba ante una situación compleja que no veía como solucionar, por un lado tenía a Mercedes con planes para el fin de semana juntos en mi departamento y parece que quería decirme algo importante también. Y por otro lado tenia a Nadia que me pedía continuar con la diversión de aquella noche. La veía apagada como si algo malo le hubiera pasado, pero no podía aceptar su invitación, yo quería estar con Mercedes. —Este fin no puedo, tengo un compromiso que no puedo aplazar… ¿qué te parece el de más arriba?
—Bueno… —se notó triste— esta bien. Entonces nos vemos en el trabajo mañana —otra vez me besó la mejilla para despedirse.
—Nos vemos mañana cuidate —subí a mi apartamento.
A veces desearía no ser tan bueno en la vida. Estuve horas pensando el haber rechazado la propuesta de Nadia, no quería que se sintiera mal. Pero no podía hacer nada con eso, hasta que luego de unas horas se me ocurrió una loca idea que sabía iba a lamentar. —Hola Nadia, es Javier, verás… ¿hay algún problema si salimos de día? He pensado que podríamos variar un poco el juego.
—Hola Javier, bueno sí, podríamos… pero habrá demasiada gente porque es hora pico ¿estas seguro que quieres así?
—Por supuesto, así nos fundimos en el bullicio.
—Me parece genial, oye… ¿qué te hizo cambiar de opinión?
—Tenías razón con eso de que hay que continuar con lo que dejamos pendiente y divertirnos de nuevo.
—Magnífico Jav, entonces yo te paso a buscar.
—Perfecto, hasta entonces pues.
—Chau, nos vemos. —cierra el teléfono.
Esta situación se iba a desenvolver así, yo salia con Nadia en el día y luego en la noche recibía a Mercedes. Era un plan que podía salir mal pero igual quería intentarlo, me gustaba jugar al filo de la navaja.

Llegó ese dichoso fin de semana y paseamos por los sitios que ya habíamos recorrido Mercedes anteriormente, pero yo me hice el loco e igual disfrute de la compañía de Nadia. Por último llegamos a nuestra parada definitiva, el malecón. Creí haberme salido con la mía pero como dicen por allí, no hay crimen perfecto. —Me la he pasado increíble hoy, todo salio a pedir de boca y que mejor manera de cerrar este paseo que aquí a la vista del mar —comenté mientras devoraba el resto de helado que me quedaba.
—Lo mismo digo —miró el mar con una sonrisa— esta ha sido la mejor salida que he tenido en mucho tiempo. Debo agradecerte por acompañarme, fue genial.
—No te preocupes, el que debo agradecer soy yo —asiento levemente.
Con una sonrisa. —Entonces cuanto tiempo más podremos disfrutarlo… ¿Tú no tenías otros compromisos hoy?
Miré el reloj. —¡¡Pero mira la hora!! Ya me tengo que ir Nadia, como supiste que…
—Con que te gusta el bullicio ¿ah? Jaja.
Con las manos en la masa me reí. —Lo admito, me atrapaste.
—Igual nos divertimos y eso es lo que importa —sonríe y me toma la mano.
Todo marchaba según el plan, puede que mi compañera no se chupe el dedo, pero es algo con lo que puedo lidiar. Despedí a Nadia en su casa y me fui directo a la mía. Preparé todo lo que había comprado para recibir a mi amada pero pasaban las horas y Mercedes aún no llegaba a mi departamento, pensé en llamarla al convento pero no lo creí conveniente. Luego de tanta espera un pensamiento me hizo relajarme, quizás estaba por mostrarme otra sorpresa y por eso se había demorado. Posiblemente eso era lo importante que tenia que decirme, pero estaba a una llamada de comprobar que no. —Hola, ya voy a abrirte. No hubo respuesta, aunque ya había visto que era Mercedes así que cerré el teléfono y bajé. —Hola amor —le intento besar la boca— ¿que pasa amor? —me había apartado la cara. Un silencio amargo impregno la entrada del edificio. —¿Por qué me apartas? —un nudo se formó en mi garganta. Un silencio incomodo que duró más de lo que deseé fue penetrado por una palabra la cual quebró ese abismo totalmente enmudecido.
—Subamos Javier.
No me salía ninguna palabra, no podía articular nada. El camino hacia mi apartamento parecía una especie de procesión donde solo rebotaba el eco de nuestros pasos. El tiempo parecía detenido, como a la espera de entrar en una cirugía. Entre tanta oscuridad al fin vi el numero de mi puerta, por un segundo creí que se me habían caído las llaves al suelo del temblor en mis manos, todo era muy surrealista. No sabía si reír o llorar, o ambas. Entramos callados, cierro la puerta y al volver la cara lo primero que veo es un rostro, un rostro que me estaba besando. Mercedes había adoptado una actitud muy extraña hacia mi y luego… ¿me besaba? En que clase de broma estaba sumido.
—Cariño estoy preñada.
Definitivamente esto no era algo normal, primero actúa con indiferencia, luego me besa y por ultimo me dice que está embarazada de mi… —Por dios… ¿qué hora es? —intente ver el reloj sin éxito— …donde rayos puse la hora… —hora: 12:34 a. m. Habían transcurrido 6 horas desde que me despedí de Nadia, algo pasaba con Mercedes ella nunca llegaba tan tarde a nuestras citas. Salí de mi casa rumbo al convento para averiguar que pasaba y en eso que salía del edificio ella llegando, nos tropezamos. Curiosamente me recordó cuando tropezamos en el supermercado. —Hola amor ¿todo bien? Pensé que algo te había pasado. Iba rumbo a ver que estaba ocurriendo.
—Disculpa la demora amor, es que tuve que arreglar algunas cosas en el convento —me besa la boca— recuerda que había algo importante que tenía que decirte, no podía faltar.
—Por supuesto, de hecho estaba esperándolo.
—Bueno subamos, me estoy muriendo de frio aquí jaja.
—Claro amor subamos —le tomo de la mano para darnos calor.
Esperaba que esto ya no fuera un sueño, suficientes pesadillas por hoy. Ya dentro de mi casa me miro tímidamente y hablo algo triste. —Mira Javier… la verdadera razón por la que casi no llego fue por que estaba en nuestro lugar especial… llorando… —su voz casi se quiebra— …te vi con… Nadia… divirtiéndote en el malecón. Ella te tomaba de la mano y tu le sonreías… entonces cambie de rumbo y en vez de esperarte aquí me fui al único lugar en el que me sentía lo suficientemente sola.
¿Mercedes me había visto con Nadia? Esto definitivamente era un malentendido. —Amor esto no es lo que parece déjame explicarte, escuchame por favor.
—Creí que todo lo que habíamos planeado juntos… —se quiebra y llora— creí que ya no te gustaba y me habías cambiado por otra, otra más joven… y que… no fuera una monja como yo.
—Pues creíste mal… —me acerqué y abracé besandole la cabeza— yo te amo… y te amo con todo mi corazón. Fui un afortunado en conocerte de la manera en la que lo hice como si el destino me hubiera dicho, esta es. No quiero que pienses lo contrario amor, no ahora… —algunas lágrimas me caen por el costado del rostro.
—Estaba tan ilusionada por que había preparado una sorpresa de la que jamás nos olvidaríamos y me sales con esto… —se limpia las lágrimas.
—Amor eso fue un malentendido… —una punzada intentó salir de mi garganta— Nadia me propuso salir como esa noche en la que dimos a parar al convento, yo la rechace. Mi instinto me decía que debía dejarlo así, pero para no parecer mezquino de buena fe le dije que podíamos salir de día y así nos quedara la noche para ti y para mi. No te dije nada por que no buscaba que pensaras que no quería estar contigo. Eso fue lo que paso… créeme o no me creas pero no quiero verte llorar amor —le coloco las manos en sus mejillas— …no quiero que tu suave piel se manche con la tristeza de estas lagrimas —pasé mis pulgares por ambas mejillas quitándole las lagrimas.
—No te preocupes… —sostiene su mirada sobre mis ojos— sé que tu boca no conoce lo que es la mentira… no sé por qué reaccioné así si sé que tu amor es genuino por que lo vi desde el principio.
La mire directamente a los ojos. —Tenme en tu pecho… que yo te tendré en el mio hasta el final de mis días, y cuando estemos en la eternidad ambos seremos uno… al no haber ya cuerpo que nos separe.
—Que así sea… —sus ojos brillaban de una alegría gozosa. Un silencio cómplice nos cubrió a ambos mientras yo la abrazaba y ella me abrazaba. Testigos de nuestro propio amor que se había forjado en lo más profundo del significado. —Amor no quiero que este momento acabe nunca… me siento tan plena entre tus brazos que por un momento se me olvida que allá afuera hay un mundo, un mundo que nos demanda presencia —me mira de frente—. Es por eso que te tengo una propuesta, lo importante que tenia que contarte es una propuesta.
La conversación había tomado un tono más serio. —Cuéntame cariño —note algo de inquietud en Mercedes pero su mirada seguía segura de si.
—Toda esta situación que nos tocó vivir ya no hay forma de como sostenerla en secreto. Desde hace muchos años estuve fantaseando con la idea de dejar de ser monja e irme muy lejos a buscar al amor verdadero, entonces inesperadamente apareciste tú. Lo sabía desde el principio y ha pasado tiempo suficiente para darme cuenta de lo obvio, te amo… —toma mis manos— quiero que seas mi marido y formar un hogar contigo Javier…
La vi tan segura de sus palabras que por un momento olvide que era una monja la que me estaba proponiendo una vida juntos, y en el fondo lo deseaba. —…Mil veces sí… —le vuelvo a besar los labios con pasión de lengua.
—Pero aun hay otra cosa más Javier… —me encara de nuevo— la propuesta va más allá y quiero hacer algo que tuve entre manos pero faltaba la persona indicada. Una manera de sellar nuestro amor con toda la pasión que he tenido retenida durante todos estos largos años —sus ojos habían cambiado y se notaba una picardía cómplice—. Vayámonos de esta ciudad y renunciemos a nuestras vidas, ya casi terminó mi carta de despedida al convento y estoy lista para irme. Exactamente en una semana nos iremos juntos en La Fiera a una casa de playa que mis padres me dejaron muy al sur. Será nuestro nidito de amor definitivo donde podremos formar el hogar que tanto deseamos. Mis viejos me heredaron la motocicleta junto con la casa y siento que ha llegado la hora de darles el buen uso que se merecen. Pero… todo esto si tu también quieres hacerlo conmigo…
Mi respuesta fue rotunda. —Estoy listo amor.
Se alegró de oír mi respuesta y me dio un besito. —¡¡Me pone tan contenta!! Casi no me creo como pudimos encontrarnos así, fuimos afortunados —me mira y se ríe—. Todavía falta algo que no te he contado y es la sorpresa final de todo esto.
—¿A que te refieres? Que otra cosa traes guardada jaja… —pregunte con travesura y algo intrigado.
—Es un secreto —respondió sin más con una sonrisa coqueta.
—¿Secreto? No me dejes con la duda mujer —reí siguiéndole el juego.
—Yo te diré cómo procederemos, no quiero arruinar la sorpresa. Por el momento solo quiero que te conviertas en mi marido —camina hacia la cama— no me dejes con estas ganas que traigo encima.
—Con que así son las cosas… —la seguí hasta cama y le tomé el pelo bruscamente— quién es tu hombre ¿ah? Mi instinto se está volviendo animal cariño así que tendrás que alimentarlo con carne fresca.
—¿Ah sí? Aquí hay hembra dispuesta a que prueben su carne pero te advierto que no quedarás con ganas de probar otra en tu vida, el que goza probando se engancha y repite —muerde su dedo y suelta una risa coqueta.
Mercedes tenía razón, no poseía mente para otra mujer que no fuera ella. Una noche intensa estaba a punto de comenzar y los protagonistas éramos nosotros, como una obra de teatro donde la pasión era el diálogo. Dos fuegos que persisten como brasas a la luz del alba después de una hoguera ardiente que alumbró en la oscuridad de la noche y había quemado cualquier piel, fue una noche increíble. La suerte ya estaba echada, el destino nos había reunido y ahora quedaba seguirlo con paciencia. Muchas mariposas en el estomago pero deseosos de llegar hasta las ultimas consecuencias jugando al borde del abismo. Prepare mi carta de renuncia y una carta despedida especial para Nadia cerrando un ciclo aparentemente nuevo que llevaba tiempo arrastrando conmigo de otras formas. Querida Nadia, no sé cómo decirte que me voy, pero me voy, me voy hacia mi destino. No creo que el mundo entienda mis razones y ponerlas aquí esta de más, aunque tu fuiste una amiga sincera y estoy contento con eso. No tengo cómo agradecerte el favor que me hiciste, sabes lo que te dije una vez, curioso cómo un evento puede cambiar el rumbo de tu vida tan fácilmente. Dicho esto, si el destino nos vuelve a topar (y tengo la corazonada que así será) me volveré a ver con una vieja amiga a la cual nunca olvidaré. Te deseo todo lo mejor, con cariño Javier.

—Hola amor ¿cómo estás? Espérame a medianoche en el convento ya tengo todo preparado para algo que no olvidaremos jamás, te lo juro —estampa un besito coqueto en el teléfono.
Miré la hora, eran pasadas las cuatro de la tarde y el ocaso asomaba de a poco en el cielo. —Buenas tardes Merchi, desde hace tiempo quería tenerte un nombre que no fuera tu nombre para referirme a ti y ahora me invente este… ¿te gusta? —ansioso por saber su misteriosa propuesta continué— y sí, como casi no pudimos vernos bien durante la semana estuve pensando en eso, vamos mujer no me dejes con la duda… —río sarcásticamente.
—Para lo que queda jumm… llegaste a la orilla del océano, paciencia jaja.
—Bueno está bien Merchi, nos vemos en el convento, besitos… ¡¡mua mua mua!!
—Ah, y debo encontrar un apodo especial también, algo que encaje con Merchi ¡¡sí me fascina!! Nos vemos… ¡¡mua mua mua!!
Pasaron las horas y llegué al convento impregnado de pensamientos sobre ese secreto tan guardado que me había preparado con tanto esmero y que aun no me mostraba. Un silencio anormal arropaba la ciudad para ser un fin de semana, como si el destino también estuviera confabulando para añadir tensión. No vi a nadie asomarse así que espere en la puerta, ya eran pasada las doce mientras la luna se alzaba en lo alto de firmamento.
—Que la paz sea contigo hermano.
Me tomó desprevenido eso, Mercedes apareció con una mochila entre hombros. —Amen.
—Me gusta así… —pone una mueca coqueta en su boca— estoy lista para irnos.
—Merchi te traje un regalito, espero que te guste… —un chocolate artesanal hecho por mí con una rosa.
—¿Para mi? —se sonrroja un poco al recibirlo— me fascina que seas tan detallista conmigo, jugar a ser cursis siendo unos románticos apasionados, ¡¡sí!!
—Me alegra que te haya gustado —vi su mochila— oye pero no me dijiste que trajera mis cosas para irnos… aún no tengo… —me interrumpe.
—Nunca dije adonde íbamos cariño —otra vez esa sonrisita cómplice mientras se comía el chocolate.
—Ahora sí no comprendo nada… —respondí entre risa y nervios.
—Es mejor así porque al final no habrá censura —vuelve la mirada cómplice.
No procesaba que rayos estaba pasando solo seguía mi instinto siguiéndole el juego, a esas alturas ya me esperaba lo que fuera. Caminamos varias cuadras conversando y ella me pidió no preguntar cual era el destino, que solo gozara el trayecto juntos hacia lo desconocido. No sé cuánto tiempo caminamos pero ya se empezaba a notar la presión, la intriga, lo intenso.
—Justo aquí —fue lo que dijo ella.
—¿Allí? —parecía la entrada de un caserón— …no puedo más, deberás decirme que es lo que tanto escondes o no doy un paso —me rebelé.
—Dale Javier… —agarra mi mano izquierda— ya estamos en la boca del tigre.
Segundos callados comenzaron a teñir incomodidad, la curiosidad mató… —Vamos pues…
Ambos entramos a una oscuridad terrible cuando cerró la puerta. —¿Mercedes?… no veo nada… ¿dónde estás? —obtuve silencio. La penumbra cegaba todo intento de comprender que había ocurrido hasta que logré ver una luz tenue al fondo y el vértigo se acentuaba en mi a cada paso que daba hacia esa misteriosa claridad rutilante, sorpresa.
—¡¡Zas!!
Esta mujer tenía razón, estaba ante la escena más inimaginable posible… jamás olvidaré.
—¿No vas a decir nada Javier? —pone sus ojos en mí cómo a una presa.
Por un momento creí que había perdido hasta el habla sin embargo una chispa desde lo profundo de mi recorrió todo el cuerpo provocando una reacción involuntaria casi primitiva. La sangre se me está subiendo a la cabeza y despertando instintos desde las profundidades de mi consciencia, mi lado oculto. —Me postro ante ti como un devoto y celebrando tus olores más primigenios te ofrendo este placer gozoso.
—…
Estoy rodeado por una inmensa selva humana, una selva que llevaba milenios de historia encarnada y aquí me encuentro en medio de ella. Un poderosisimo olor fermentado penetra mis sentidos y cubre mi cara, lejos de huir lo hago mío. Siento una mano en mi cabeza que pide más para rematar esta carne fresca que huele a gloria, una gloria cruda. Siento algo viscoso y dulce impregnado por todos lados, está en celo.
—¡¡Siiii!! ¡¡No aguantoooo!!
La voy a dejar gozar profundamente quedándome aquí callado dejando mi lengua tibia en su boca inferior, esa boca que tanto había gritado en silencio y que nadie escuchó hasta ahora.
—Ven acá arriba… —posa su mano sobre mi mejilla para que me levante— te traje a este sitio porque quiero que me hagas mujer en este altar, tu mujer —nos miramos fijamente— esta iglesia será testigo de nuestro mayor acto de amor… —presiona mi cara contra la suya mientras nos besamos de lengua.
Mercedes desnuda ante mí para que hagamos el amor frente a una iglesia completamente vacía para oficiar una misa profana, me provocaba una sensación misteriosamente excitante. El acto de profanar un lugar sagrado en nombre del amor verdadero en el fondo era lo más transgresor que podíamos hacer, y por eso quiero hacerlo. Su cuerpo virgen brilla a la luz de estas velas tenues que desprenden una calidez increiblemente familiar, el deseo aprieta cada vez más. —Ya no aguanto yo también… ¡¡voy a convertirte en mi hembra justo aquí!! —agarro su pelo y la volteo. Tengo mi atributo tan firme extasiado de lujuria que me da igual en que agujero. —Mi puta, mi putita… ¡¡que delicia de mujer!! Estaba apretado y lo siento diferente a todo lo probado anteriormente, por atrás entonces y me fascina. Pongo su cabeza contra la mesa mientras le atrincaba el pelo y mis dedos en su boca, mi creatividad sexual lo pide más profano. —¡¡Te voy a desvirgar por el culo hasta que tus gemidos oficien esta misa como debe!! —sueno una nalgada en sus pompas.
—¡¡Me fascina ser tu putita hambrienta!! Todos los feligreses van a escuchar cómo me violas en santa comunión… ¡¡y estoy feliz de que así sea!!
—Esta iglesia quedará impregnada de nuestro amor para siempre… —tomo sus brazos y los coloco bruscamente detrás de su espalda.
—Hace muchos años que he soñado con esto, con una escena pornográfica en la iglesia…
—Con que eso era, ¿ah? —subí la intensidad del vaivén.
—Fantaseé en secreto por mucho tiempo con la idea de profanar lo sagrado desde el amor… para darle otro significado, uno especial…
Mi leche está a punto… ¡¡mierda!! —¡¡Aún nooo!! —me aparto— …quiero que gocemos un poco más… —sin darle chance me subo al altar levantando y agarrando su cabeza con fuerza— ¡¡ahora te voy a hacer el amor en esa boquita!! —introducí mi atributo en su garganta.
—Gluac, gluac, gluac… —sus arcadas golpeaban en mi carne.
Esto es aún más delicioso que darle por el culo, sus labios son celestiales. Ya no tengo temor por lo transgresor ahora me siento libre, como si me hubiera sacado una culpa de encima. —¿Te gusta así amor?
—Ahora soy tu esclava… dime esclava, haz conmigo lo que quieras… —veo que señala algo— en la mochila tengo esposas y un tapón anal para que me lo metas bien rico amor, quiero que me ates de manos y pies para que no pueda escapar y convertirme asi en tu puta sagrada montada en este altar —la vi sedienta de que la dominen.
La dejé completamente atada de pies y manos con un buen pedazo de plástico dentro de ese estrecho culito y me volví a colocar en la mesa esta vez sentado mientras ella agachada asomaba su cabeza al borde para que le follara la boca. No sé cuánto tiempo llevamos así pero es increíble cómo puedo sentir que me estoy a punto de venir e inmediatamente dejar de seguir por ese camino deliciosamente fatal para reiniciar una y otra vez esa subida, una combinación bucal perfecta acabaría con todos los subidones de un solo golpe.
Retiré mi pedazo por enésima vez un salivero enorme formado entre su boca y mi atributo tejían una telaraña viscosa alucinante. —¿Estás orgullosa cariño? Todo esto lo hicimos juntos, ¡¡que asquerosamente delicioso!! —procedo a probarla.
—Amor… quiero que me penetres el coño y que te vengas dentro de mí… entiérrame tus fluidos en esta matria fértil. —noté cómo de su mirada afloraba amor.
Comprendí que esta escena explicita necesitaba un toque de romanticismo erótico. —Ansío correrme en tus profundidades Merchi…
Le quito las esposas y la monto encima conmigo mientras conectamos nuestros atributos en unión perfecta sentados en el altar. —Te amo Javier… estoy muy feliz de haber encontrado al hombre adecuado con quien compartir esto… —nos besamos.
—¡¡Yo también te amo Merchi!! Eres la mujer que siempre anhele…
Perdimos la noción del tiempo otra vez, todo se volvió muy denso y presencial. Encontramos la posición perfecta para gozarnos mutuamente ofrendando nuestro placer al universo. No hay palabras redundantes que interrumpan la suavidad de esta atmósfera tan intensa que nos rodea, el silencio triunfa sobre ese altar profano de amor.
Algo grande está por venir y mi cuerpo ya lo avisaba imbuidos completamente en el sudor de nuestra pasión. Mi mente lo percibe a lo lejos como un sueño que se va desvaneciendo en la mañana. Ahora estoy sintiendo un calor proyectado en mi entrepierna… ¿se corrió en mí? Su boca intenta decirme algo pero yo también ya no puedo con esto… —¡¡Aaaaa!!

Se alcanzaba a ver de a poco la luz del alba filtrarse por los ventanales más altos de la iglesia, ambos nos habíamos quedado dormidos en la penumbra de la noche sobre la escena del crimen, un crimen de amor profano y puro. Tomamos nuestras cosas para irnos definitivamente hacia la mandala hogareña que ambos habíamos anhelado durante mucho tiempo, ya era hora. Antes de salir de allí Mercedes me toma la mano izquierda con una caricia. —Amor, antes de irnos… hay algo que supe hace unos días y no me atrevía a contarte hasta que estuviéramos solos. Estoy en estado…
Ese momento quedó grabado en mi mente para siempre, el recuerdo indeleble de escuchar esas palabras talladas con letras de fuego en lo profundo de mí. Una sensación indescriptible que explotó adentro con muchos sentimientos de todo tipo, un momento de alta intensidad que jamás sentí nunca. —Quieres decir… ¿qué voy a ser padre? —se me aguaron los ojos.
Con una mirada llena de esperanza me lo dijo. —Sí… vamos a ser padres… —le ganó la emoción y comenzó a llorar de felicidad.
Fue un milagro… no tengo más palabras para describir lo que había pasado, y no creo que quiera tenerlas. Ese año Mercedes había cumplido 45 años, el umbral de quedar embarazada era casi nulo y sin embargo ocurrió, ocurrió una maravilla. Qué placer gozoso tan grande el de ser padre joder, me sentía tan lleno que podría haber parido yo también jaja. Yo nunca he creído demasiado pero empiezo a pensar que el destino sí existe y te muestra el camino de alguna manera. Salimos a la ciudad por última vez y aunque tenía poco tiempo aquí sentía que había tomado la decisión correcta al haberme venido a este lugar, nos encontramos. Después de eso tomamos todo y nos fuimos dejando las cartas de despedida para nuestras antiguas vidas, partimos en La Fiera rumbo al hogar que forjaríamos como amantes del amor. Un camino largo había terminado literalmente y ya estábamos en casa, en nuestra casa.

Ha pasado mucho tiempo y aún recuerdo esos días con entusiasmo, me siento muy orgulloso de haberme arriesgado a vivir la vida sin miedos. Amar es intensidad y si no amas con intensidad no amas de verdad. El destino me hizo encontrar al amor de la manera menos esperada y me convirtió en el amante devoto de lo sagrado, ahora soy el marido de una monja.

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