La Quitamaridos

Publicado por Maestro Marido el Lunes 14 Septiembre del 2026

—Ay amiguis te dejo… ahi viene La “CROM”.
—Ya veo, chao yo tambien nos vemos mañana.
Asi era ella, envidiada por varias y otras ni en pintura la podian ver. Su caracter de gallina brava y su personalidad coqueta hacia que tuviera enemigas donde menos lo pensaba. Una vendedora de loteria que aveces andaba con tubos en la cabeza y camisones de estrellita por las calles del barrio, asi era ella, una hembra independiente cuarentona con atributos que harian infartar a cualquier pobre hombre. Aunque rellenita de cuerpo su trasero despampanante hizo que dentro del circulo de varones la empezaran a llamar “Nargatorio” aunque en secreto, porque su verdadero apodo publico entre algunos señores que se atrevian a poner el dedo en la llaga era mas creativo, “Melocoton”. Su piel de canela y ojos rayados color verde musgo hacian la combinacion perfecta con sus pechonalidades que tampoco se quedaban atras, asi era ella, una simple lotera que tenia muchos sobrenombres a su espalda pero el que pesaba como una tonelada fue uno que le surgio inesperadamente, “La Quitamaridos”.

Hace casi doce años Carmen llego al barrio donde vivia alquilada desde casa de su hermana con la que habia mantenido una pelea, aunque los animos caldeados se fueron de vacaciones, porque de vez en cuando ella la visitaba y viceversa. Terminados sus ahorros se metio a vender loteria y ese es su oficio desde entonces. La vida discreta que llevaba acabo cuando un desafortunado incidente prendio el zafarrancho en boca de todos durante semanas, y en el que ella estuvo involucrada sin quererlo. Con algunas aventuras por aqui y por alla al fin se topo con un hombre guapo que la puso en jaque y al cual le dio una ojeada porque el le habia mostrado interes primero. Le compraba loteria asiduamente y alli surgio la conexion mientras la confianza crecia. De vez en cuando el le llevaba comida a su puesto en el parque hasta que Carmen tomo la iniciativa y ocurrio lo que tenia que ocurrir. Luego de varios encuentros sexuales Carmen decidio que ese era el marido que habia estado buscando durante mucho tiempo, un tipo que mostraba paciencia, madurez y ademas se preocupaba por hacerla gozar en la cama. Pasaron los meses y el aun seguia regresandose a su casa en las noches, entonces Carmen le ofrecio venirse a vivir alli con ella. Buscaba ver como se desenvolvian estando juntos para luego ir mas alla y formar algo mas serio, un hogar. Lo que siempre le llamo la atencion a Carmen fue que al querer conocer donde vivia el se negaba poniendo excusas como que la casa estaba desordenada o que solo habia una habitacion individual para el. Una tarde como de costumbre vendiendo su loteria en el parque una mujer con un tono grosero se acerco a ella y le comenzo a decir hasta de lo que se iba a morir, habia empezado el saperoco.
—¡¡Con que tu eres la puta de quinta!! ¡¡Zorrua arrastrada!! ¡¡Si no dejas a mi marido en paz te voy a reventar la vida!! —Se para en frente de Carmen.
Carmen no responde nada y la mira a los ojos aun sentada.
—¿¡Me lo vas a negar!? Me dijeron que vieron a mi marido entrando a tu cuchitril de casa y yo misma tambien lo corrobore ayer. ¡¡No quiero volverte a ver junto a el ni que vuelvas a hablarle de ningun modo o veras quien soy yo!! ¡¡El es un hombre casado!! ¡¡Ca-sa-do!!
Carmen se dio cuenta que le habian visto la cara, pero guardando la compostura sin levantarse aun de su lugar le contesta. —Calmese señora, yo no sabia que el estaba casado. Ademas el fue quien me busco.
—Trepadora… ¡¡si fuiste tu quien lo busco!! No mientas descarada. Te han visto enrredar a otros hombres pero conmigo te equivocaste si pensabas que yo dejo las cosas asi.
Como quien busca la cosa Carmen se levanta. —Al primero que debiste preguntarle fue a tu disque marido que como buen mentiroso te puso de cachuda en tus narices y ni siquiera tuviste la malicia para darte cuenta hasta que otra te lo dijo. ¡¡El es el culpable!!
A la mujer se le subio la sangre a la cabeza. —Como te atreves… —le intenta dar una cachetada.
—No te equivoques tu conmigo —Carmen le habia parado la mano— si, me acoste con el y varias veces pero nunca dijo que tenia mujer, nunca menciono tu nombre. Yo no quiero nada con ese bandido.
Baja su tono. —Esto no se va a quedar asi lotera… —se solto la mano y se fue.
A la vista de los transeuntes que pasaban el incidente habia dejado una impronta que luego recibio en forma de sobrenombre, “Quitamaridos”. Eso le valio la enemistad de gran parte de las mujeres en el barrio que preferian no comprarle loteria y hablaban mal a sus espaldas. La paso dura al principio luego de ese altercado y a pesar de todo opto por llevar ese apodo como un trofeo para enfadar aun mas a sus adversarias. Aqui el problema era que ningun matrimonio estaba a salvo ya que Carmen era el mujeron que cualquiera desearia tener de amante. Como buena rival decidio moverse en las sombras para darse el gusto de estar con quien le diera la gana aprovechando su oficio de lotera como fachada, ahora si conocerian a Carmen Rosario Orozco Matos. En eso habia una pequeña lista de varones que la cortejaban directamente pero que ella mantenia a raya siguiendole el juego pero tampoco rechazandolos del todo ya que los señores del barrio eran los unicos que le compraban loteria. Transcurrido el tiempo se propuso como meta salir de ese lugar para tener la vida que siempre quiso con casa propia y sin depender de nadie, pero mientras seguia siendo La Quitamaridos. Pasaron meses de aventuras a escondidas que jamas se supieron y de dime y diretes que acentuaron aun mas su mala fama entre mujeres chismosas. Se habia convertido en la envidia de todas porque tenia lo que a ellas les faltaba, caracter carnal.
—Que ha sido de tu vida Carmencita —tomo un sorbo de chicha dulce.
—Ay hermana, han pasado tantas cosas desde el año pasado que no me lo creo —termino de freir las empanadas y las sirvio en la bandeja.
—¿Y eso?
Carmen y su hermana Gloria conversaron toda la tarde sobre lo sucedido durante esos ajetreados meses y siguieron en contacto mas a menudo para contarse los chismes que acontecian, pues Carmen se nego a regresar con ella por el orgullo de no darles gusto a las lengüilargas odiosas de su barrio.
—De aqui salgo millonaria o con marido… jaja —fue lo que le dijo a su hermana antes de irse.
—O ambos —su hermana le siguio el juego mientras se reia.
Continuaron los ataques contra Carmen, pero La Quitamaridos habia salido victoriosa ya que se gano el respeto de la mayoria de los varones en el barrio merecidamente dandole buenos tratos y consejos cuando le compraban loteria, entonces se puso de moda el apodo que solo le tenian algunos y comenzo a ser conocida como Melocoton. Esto enfurecio aun mas a la recalcitrante parvada de harpias amargadas, La Orozco se habia quedado sola de amigas. En esa supuesta calma habia un tufo a guerra que hedia a trifulca pero no se sabia por donde vendria, en consecuencia Carmen como buen zorro viejo se preparo para cualquier escenario. Sin embargo ocurrio algo interesante en medio de todo, su encuentro con una persona inesperada.
—Hola buenas, ¿usted es la que le dicen Melocoton?
—Hola si, ¿que numero desea?
—¿Que me recomienda? Dicen que usted es muy buena dando consejos sobre numeros.
—Siempre le recomiendo a la gente que no le apueste a su fecha, hay que escoger al azar ya que esto es un juego de azar. Es psicologia pura.
Se le quedo mirando. —¿Y que fecha es usted?
—Siempre me preguntan pero prefiero no contestar.
—De casualidad no sera… ¿5 de mayo? —le tiro con una sonrisa.
—¿Como sabe eso? Nunca se lo he dicho a nadie de por aqui… —de inmediato lo observo detenidamente.
—Quizas es porque no soy de por aqui… jsjs.
—¿Y puedo saber quien es usted? —Carmen no sabia por donde iban los tiros.
—Que no me reconoces… soy Hernando.
—Hernando… —lo ojea de arriba a abajo— …mmm me suena Hernando, creo que del colegio o la escuela, ¿acaso eres tu?
—Asi es, estuvimos juntos en el colegio antes de entrar a la uni, ¿que ha sido de tu vida?
—Bueno… —le quito la mirada— nunca entre a la u jaja. De hecho me fui con mi hermana y le ayude en su tienda durante muchos años. Ahora vendo loteria y no me va mal, aunque al principio fue dificil porque me vine a vivir sola.
—¿Que numeros tiene? —llega otro cliente.
—Como ves Hernando estoy ocupada —sonrio— me alegra saber saber de ti luego de tanto.
—Si no te robo mas tiempo, me das el numero que te pedi por favor.
—No me pediste ninguno aun… —rio coquetamente.
—Ah cierto… bueno entonces dame el “0402”. Para jugarte psicologia inversa escojo mi fecha —Hernando tento al destino.
—Aqui tienes… —le da el pedacito de billete— ¡¡espero la suerte te acompañe!!
—Muchas gracias, oye… ¿podriamos hablar despues? Es que estoy de visita en la ciudad y no conozco a nadie.
—Salgo en dos horas asi que puedes regresar y nos juntamos para ir a tomar algo ¿te parece?
—¡¡Genial!! Nos vemos entonces… —desaparece entre la multitud.
Muy puntualmente llego justo a la hora que Carmen le dijo pero lo hizo en un carro convertible, algo que a ella le impresiono. Inexplicablemente cierta cosita le atraia de este personaje aunque no podia expresarlo con palabras, por eso aguanto a ver que se tenia entre manos el tal Hernando.
—Perdon que te diga, ¿primero me puedes llevar a mi casa? Es que quiero verme presentable para la ocasion, ademas para ir a dejar estos chimbilicos alla.
—No te preocupes para eso tengo carro —se rio complicemente.
—Mil gracias, estoy vuelta leña —arrimo sus mechas.
Durante el trayecto Carmen estuvo muy atenta a lo que decia Hernando y trataba de ver por donde iba tabla. Al llegar a su casa le ofrecio pasar a ver si caia en el primer anzuelo pero este rechazo agradeciendole que preferia quedarse en su auto, asi que preparo el segundo anzuelo, arreglandose muy guapa para manifestarle implicitamente que habia una oportunidad con ella. Carmen sentia la corazonada de que esa ganga tenia que ser especial.
—Que bonita luces —le abrio la puerta del carro.
—Te agradezco… —se sonrojo— ¿eres asi con todas las damas? —rio nerviosa.
—Parece que lo caballeroso paso de moda y por eso se ve raro —la miro a la cara.
—No tontito jsjs… solo decia…
—Que bueno porque a mi me gusta a la antigua —solto una sonrisa.
Carmen no estaba segura de como actuar ya que nunca habia estado en una circunstancia similar donde un hombre la tratara de ese modo, parecia un terreno virgen que nunca habia pisado como mujer. No es que antes la hubieran tratado mal, simplemente era distinto.
—¿Y a donde me vas a llevar Hernando?
—Es una sorpresa… lo unico que te puedo adelantar es que te va a gustar —encendio el carro.
—Bueno esta bien, confio en ti —Carmen se puso nerviosa cuando nunca.
Aterrizaron en un bar muy bohemio de la ciudad al que ella nunca habia ido. Bajaron y Hernando dejo a Carmen dentro y salio dejandola sola. La incomodidad afloro luego de unos minutos y ella se preguntaba donde estaba el. Pasaban el tiempo y nada que aparecia hasta que de repente apagaron las luces y presentan al jazzista que iba a tocar esa noche. Carmen Orozco estaba a punto de irse por que al parecer le habian jugado feo. ¡¡Sorpresa!! Hernando era el saxofonista arriba del escenario. La CROM fue sorprendida con un regalo que no esperaba.
—Quiero dedicar estas canciones a alguien del publico, es una amiga que no veia hace mucho —le guiño el ojo discretamente.
Roja como un tomate Carmen habia sido puesta de rodillas por primera vez en su vida de una manera que jamas imagino, cursimente romantico. Fue alli cuando lo comprendio.
Carmen y Hernando se sentaron juntos al fin terminado su numero. —No crei que esto era lo que tenias guardadito para mi, la verdad no se que decir…
—No digas nada, me conformo con que lo hayas disfrutado. Este es el pasatiempo de mis tiempos libres. Que coincidencia que te encontrara en el parque esta tarde… —clavo una mirada en ella.
—¿Tu crees en las coincidencias? —Carmen le contesta la mirada a Hernando.
—…¿Y tu?
Hubo un silencio complice que desbordaba la mesa donde estaban ambos, como si no existiera nada mas. Luego de salir del bar la llevo a un mirador donde se podia ver la ciudad completa y casi no habia gente.
Impresionada le comento. —He vivido aqui durante trece años y ni enterada de este sitio tan hermoso ¿como supiste de el?
—Lo vi desde mi carro cuando llegaba, pense que ya habias venido asi que quise traerte de nuevo…
Carmen lo mira de lleno. —¿Que buscas con todo esto? ¿Quieres convertirme en tu mujer? —Se arrima a Hernando— quiero que me lo digas —Carmen Rosario Orozco Matos irrumpio en escena.
Quedo callado durante un instante. —…Te he amado desde la primera vez que nos vimos en el colegio Carmen…
La respuesta la dejo muda. —…¿Y por que hasta ahora? —cambio de tono— pudimos ser felices desde hace mucho y hubieramos formado algo juntos, pero mirame ni hijos puedo tener ya… —le dijo conteniendo las lagrimas.
—No te pongas asi… —le dio un abrazo de oso.
Contesto esa pregunta inconclusa. —No… no creo en las coincidencias.
El no dijo nada y fijo su mirada en ella otra vez.
—Quizas nuestro tiempo es ahora Hernando.
Rompio el silencio con una frase demoledoramente directa. —No tengo nada mas que decir…
La oscurana ardiente a punto de fluidificarse sobre el calor de una fiera en celo que habia estado esperando a su presa durante mas tiempo del que debia y un hermoso poeta de notas musicales que listo tocaria la melodia de su vida. El deseo apretaba asi que aparcaron el auto donde nadie los jodiera y alli florecio su nidito de amor carnal. Malos recuerdos rondaron la cabeza de Carmen luego de sus experiencias con hombres casados asi que tenia que gozarlo al maximo aunque despues se enterara de que el tambien lo fuera, ahora se habia convertido en La Quitamaridos. Esa incomodidad del descapotable no hizo que la intensidad bajara, de hecho por el contrario hizo que ascendiera al limite por la adrenalina de ser descubiertos. Melocoton gozo esa noche como ninguna otra en su vida. La melodia del saxo potenciada por la luna penetraba el aura de los dos provocando un trance de extasis que los transporto a otros cosmos viajeros de una fuerza que los trascendia, amor. Sin recordar como llegaron simplemente amanecieron en casa de Carmen llevando con ellos la vibracion de la balada lunar.

Pasado el mediodia Carmen al despertar se percato que Hernando ya no estaba en la cama, entonces fue a la cocina y se lo encontro tratando de usar la cafetera.
—Buenas tardes, espero no haberte despertado. ¿No te importa que tome tus cosas para hacerme un cafe?
—No, solo crei que te… olvidalo —lo miro sentado alli casi desnudo.
Se sirvio y bebio de su taza.
—Hernando… debo hacerte una pregunta. —agarro una silla y se sento a su lado— ¿me seguirias queriendo si supieras algo distinto a lo que ves ahora en mi?
—¿A que te refieres? —la miro seriamente.
—Si tuviera mala fama de ser tal cosa y la gente hablara sobre mi… ¿aun me amarias?
—Carmen, han pasado mas de veinte años y encontrarte avivo partes de mi que creia muertas, asi que ¡¡si!! No me importa que digan los demas de ti, lo que cuenta es amarnos —se acerco a besarla por el cuello.
—Me gustaria que fueras mi marido, pero siento que lo nuestro aun no puede ser…
—¿Hay algo que quieres decirme verdad? —la miro cara a cara— solo sueltalo mujer no pasa nada…
¡¡Riiinnnggg!! En eso alguien toca el timbre y Carmen agarra uno de sus camisones para salir. No habia nadie en la puerta ni en los alrededores, sin embargo el convertible de Hernando estaba rayado por todos lados y pintado con la palabra “QuItaMaRidoS” escrita con minusculas y mayusculas intercaladas. Hernando despues de unos minutos al ver que no se escuchaba ni media palabra se vistio y fue a ver que sucedia.
—¿¡Pero que…!? ¡¿Quien rayos es La Quitamaridos?! —Hernando irritado y consternado por el desatre en su carro.
Carmen con un silencio sepulcral y la mirada puesta al suelo le responde secamente. —Soy yo…
Ese magico dia termino alli, ella trato de disculparse pero Hernando no exigio explicaciones y solo tomo la dura decision de alejarse por un tiempo de Carmen, hasta que todo estuviera en orden. No hubo rencores de por medio porque aun la esperanza quedo sembrada en lo profundo de ambos.
Con cara seria monto el descapotable de la discordia y se fue sin mirarla de nuevo. —Cuando resuelvas todo y te sientas en condiciones de ser mi mujer llamame… mientras no me busques.

Carmen habia sido derrotada por sus enemigas que le jugaron suciamente y alejaron al amor que nunca encontro en otro. Destrozada por haber perdido a Hernando de esa forma decide irse de ese barrio, Carmen Orozco ya no pintaba nada alli. Justo el dia que empacaba telefoneo a su hermana Gloria para decirle entre lagrimas que se iba del todo y que no volveria a pisar ese lugar. Revisando sus cosas mientras veia la tele sin volumen con el sorteo sintonizado encuentra un pedacito de billete en el suelo, era el numero que Hernando le habia comprado en su momento. Motivada por la tristeza casi lo rompe pero se aguanto milagrosamente mientras ojeaba la pantalla del televisor percatandose de que el numero ganador era el que tenia en sus manos. La pobre Carmen no podia creer llorando de alegria lo cerca que estuvo de destruir su boleto definitivo de ida al mas alla, mas alla del barrio y alejado de todo ese estiercolero.
—Glori tenemos que hablar de algo importantisimo… —volvio a telefonear a su hermana.
Una semana despues ya con dinero en mano fue directamente a la concesionaria para comprarse el convertible de sus sueños y largarse de una vez por todas con el estilo que siempre le caracterizaba, Carmen Rosario Orozco Matos habia vuelto para irse. La meta que se propuso cuando todo esto comenzo hacia ya mas de un año se cumplia como obra del destino y sin mirar atras llevaba consigo su orgullo intacto. Paso por cosas complejas y dificiles que supo superar con la paciencia de una roca y la garra de una tigresa, habia llegado el momento de la verdad.
—Hola… te tengo una sorpresa Hernando, soy Carmen.

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